el desafortunado incidente del galgo Carolo

foto de cazadores con el galgo carolo
foto de cazadores con el galgo Carolo
Noche del 20 de noviembre de 1975. Cuatro hombres, ajenos al reciente fallecimiento del caudillo, prosiguen con la afición que los une apasionadamente: La caza con perro

A bordo de un SIMCA 1200, se disponen a enseñar a cazar al galgo Carolo, a través de un camino rural en la localidad manchega de Corral de Almaguer. El  animal aguarda impacientemente, sentado entre dos de ellos en la trasera del vehículo. 

De repente, aparece una liebre que echa a correr. El conductor acelera, pone las largas y se abre la puerta trasera para que Carolo de un brinco y se agazape sobre la presa. El estrépito del salto es ensordecido por los gritos de ánimo de los cazadores: 

"¡Hala Carolo! ¡Hala Carolo!".

Segundos después un dedo toca el hombro del conductor... 
¡Para, tío, que Carolo no ha saltado, que es mi padre que se ha caído!

Más de veinte años he tardado en reconstruir la pequeña anécdota familiar que navidad tras navidad intentaban en vano tanto mi padre como mis tíos compartir conmigo y con mis hermanos. Nosotros, niños todavía, no conseguíamos ver la gracia en nuestros mayores que, con lágrimas en los ojos, continuaban riendo a carcajada limpia sin saber realmente el motivo. Incluso hubo momentos en que no sabíamos si llamar a Urgencias, no tanto por la duración del "síndrome colectivo" sino por si sería contagioso.

Lo más que conseguía "pescar" entre carcajada y carcajada eran balbuceos estilo " ¡Hala Carolo!", "el coche a toda leche" y "qué hostia se metió", pero eso realmente no suponía gran cosa para una mente infantil como la nuestra. 

Alguna vez me atreví a interrogar a mi pobre y magullado tío Vicente. Éste se limitaba a poner los ojos en blanco y contestar secamente: "¡Qué hijoputa!"

Tanta era la fuerza que tenía el galgo Carolo que, sin querer, lo arrolló en plena carrera nocturna tras la liebre. Ni qué decir tiene que el hostión que se pudo meter fué de órdago. No obstante, sigue vivo para contarlo, pero por más años que transcurran puedes preguntarle por Carolo que, con la mirada encendida, no dejará de mencionar a la pobre madre del bicho.

Insistiendo año tras año conseguí finalmente hacer la reconstrucción del incidente y hoy he decidido compartirla con nuestros lectores de "La Caza en Fuerteventura" para amenizar un poco el casi inminente fin del verano que se acerca. Espero que les haya gustado.


En Gran Tarajal, a 11 de septiembre de 2012

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