La luz de Mafasca, ¿leyenda o realidad?

La leyenda de la Luz de Mafasca, controvertida por su semejanza con otros relatos religiosos de similares características, se sigue transmitiendo de generación en generación y su conocimiento traspasa las fronteras de Fuerteventura. ¿Existió ese episodio sobrenatural realmente? ¿Se trata de un "instrumento religioso" para controlar las conciencias de los lugareños? ¿Se utiliza como recurso turístico hoy día? He considerado apropiado recopilar tres fuentes diferentes para que profundicéis y juzguéis vosotros mismos. Un vídeo extraido de "Canal Cuatro", el "relato oficial" y extracto del autor majorero Ambrosio Hernández.

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Cuenta una antigua historia que en tierras majoreras caminaban unos pastores rumbo a casa tras un largo día de trabajo. Hambrientos y fatigados decidieron hacer un alto en el camino para encender un fuego y asar así el carnero que acababan de matar. Pasaron horas y horas juntando algo de leña y justo al borde de un camino escondido tras unas aulagas encontraron una pequeña cruz de madera.

Entonces era ya costumbre en Fuerteventura colocar una cruz en el lugar de fallecimiento de una persona, pero a quién podía pertenecer aquella cruz y que recuerdos encerraba poco pareció importarles a los hambrientos pastores que sólo vieron en ella dos simples trozos de madera cruzados ideales para alimentar el fuego que les calentaría esa noche y sin pensarlo más dispuestos a seguir con su trato.

Lentamente las llamas consumieron aquella cruz de madera desgastada y dicen que ante la mirada llena de espanto de los pastores surgió una extraña luz entre las cenizas que inquieta saltaba de un lado a otro. Los pastores corrieron y corrieron dejando atrás ese objeto luminoso que no era sino el alma que albergaba esa cruz, el alma molesta e indignada del difunto que en forma de luz quiso asustar a esos pastores imprudentes que osaron perturbar su paz y quemar el único recuerdo que le unía a este mundo.

Desde entonces son muchos los que cuentan haber visto esa luz, la luz Mafasca, esa luz que acompaña al viajero por los senderos solitarios de la isla de Fuerteventura.
Fuente:www.bienmesabe.org


El Autor y La Luz de Mafasca


Fuerteventura, tierra apartada y olvidada desde la oscura lejanía de los tiempos, llega hasta nuestros días, en que se abre al mundo, cargada de anécdotas y leyendas propias, fruto de un aislamiento tradicional; lo que hace que tenga un acervo cultural distinto en ciertos matices, con relación al resto de las islas del Archipiélago Canario.

Así por ejemplo tenemos la popular leyenda de la “Luz de Mafasca”, siendo esta la mas comentada en toda la isla; traspasando incluso nuestra reducida frontera. Todos, desde niños, hemos oído contar a nuestros mayores infinidad de historias con esta mítica “Luz de Mafasca”; y ya mayores continuamos la tradición contando a nuestros hijos y nietos, agregándole, cómo no, las propias vivencias, o las del vecino, que por supuesto ya llegan desbordando la realidad; pero no por eso dejan de tener un interesante contenido.

Esta arraigada historia, como todas, fue utilizada por los avispados de épocas anteriores, para los fines más diversos; como por ejemplo: robar los pastos ajenos en las oscuras noches majoreras, ahuyentar a la chiquillería de las huertas de frutales – abundantes en épocas pasadas – ahuyentar algún mozo de otro lugar enamorado de alguna guapa del pueblo, amén de muchas cosas más. Indudablemente era la luz, real o imaginaria, reina y señora de las noches majoreras; que bien con sus apariciones o ausencias estaba siempre presente en la mente de todo caminante.

Hay varios puntos de la isla donde inciden más cantidad de apariciones de esta mítica luz; como son en primer lugar el “Llano de Mafasca”, del cual toma su nombre, situado al Sureste de Valles de Ortega; “Casa del Notario” y “Cuesta de Pedrales”, en el mismo lugar, “Rosa de Catalina García” y “Llano de la Higuera”, en Tuineje, y muchos puntos más igualmente propicios a estas “apariciones”. En este último lugar, en el Llano de la Higuera, allá por los años cuarenta, esta amable lucecita acompañó a un sacerdote que en altas horas de la noche viajaba en su destartalado y ciego automóvil, haciendo el trayecto de Tuineje a Gran Tarajal, colocándose suspendida del suelo a dos metros de distancia del guardabarro delantero del lateral izquierdo, manteniéndose así largo rato, y desapareciendo espontáneamente al final del Llano, al igual que había aparecido.

Este testimonio lo recibí directamente del propio sacerdote, agregando éste que prefería no hablar del tema.

Sobre este fenómeno se ha hablado mucho; versiones para todos los gustos, unas más creíbles que otras. Yo personalmente creo haber visto dos fenómenos de este tipo bastante extraños. El primero, el año cuarenta y nueve, en un lugar muy próximo al ya mencionado Llano de la Higuera, llamado la Cañada de “La Mata”; paraje completamente solitario en aquella época.

Mi padre había comprado un trozo de terreno en aquel lugar y había construido una finca de regadío. Llegado el momento me envió allí encargado de realizar las labores hasta encontrar a otra persona que lo hiciera; y así pasé trescientos sesenta y cinco días, con sus noches correspondientes, en aquella extrema soledad.

A poco de estar allí una noche de una oscuridad aterradora observé que en una vieja casa derruida que había a poca distancia de mí aparecía una lucecita diminuta moviéndose siempre sobre el mismo lugar; y en más de una ocasión, y en noches sucesivas, convirtiéndose en dos, apareciendo o desapareciendo caprichosamente, sin sentido aparente.

Ni que decir tiene que, dada mi corta edad – pues solo contaba con dieciséis años y la cabeza llena de estas leyendas -, las noches para mí fueran un verdadero martirio.

Pasados los años lo comenté con mi padre, el cual me confesó que también él había visto estas luces en épocas anteriores, en el mismo lugar, y que cierta noche encontrándose en compañía de otro señor, después de estar observando estas luces largo rato, decidieron acercarse al lugar por ver de qué se trataba. Al aproximarse las luces desaparecieron; no vieron ni oyeron nada en aquella casa abandonada.

Por lo tanto ante lo inexplicable tenemos una versión más sobre la “Luz de Mafasca”. El segundo episodio luminoso extraño visto por mí, fue allá por el año mil novecientos cincuenta y cuatro, en la “Cañada de los Africanos”, al sur de Tiscamanita.

Fue una estela de fuego de color violeta azulado que en forma de cinta recorrió el llano a ras de la tierra, a la velocidad de un rayo, y sin producir el menor ruido. Fue un destello instantáneo e inexplicable, ya que sucedió en una noche pacífica, sin ninguna perturbación meteorológica, y por lo tanto debió ser un escape de energía de la propia tierra.

Esto fue visto por otra persona que me acompañaba en ese momento y seguramente sería visto por otras personas que, a falta de una explicación sobre este fenómeno”, lo habrán cargado en la cuenta de las apariciones de la “Luz de Mafasca”.

Pasa el tiempo y por fin a Fuerteventura llega la claridad. Desaparece la”Luz de Mafasca”, no se oye el balar del “Cordero de la Cruz” y las almas en pena dejan de existir. Por lo tanto los majoreros hemos pedido el “alma” y solo nos quedan las “penas” para el recuerdo.

¿Existió en realidad esta luz?
¿Existe en la actualidad?
¿Seguirá existiendo en el futuro?
Sin lugar a duda, siempre existirá.


(Relato de “la Luz de Mafasca”,Fuente: Cuentos, Relatos y Poesías, Hernández, Ambrosio. Cabildo de Fuerteventura, 2005)


César López Molero
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